El solo pensarlo le causa
nostalgia, no logra evitar que las lágrimas salgan y caigan con gran rapidez
por sus mejillas pálidas y secas; siente como se humedece su rostro mientas su
corazón y sus ideas no logran fluir con normalidad, estira su mano derecha,
hala la manga de una chaqueta azul que lleva puesta y la desplaza hacia sus
ojos. Lo último que quiere es que la vean llorar, piensa en lo que hace pocos
minutos le sucedió, dice en voz baja “trágame tierra”, todos sus recuerdos
inevitablemente llegan a su cabeza, desafortunadamente ninguno de ellos es
alentador, solo puede pensar: “como puedo ser tan cruel, la única solución
sería morir” sin embargo no tiene el valor de cometer un acto tan cobarde en
contra de sí misma.
Escucha el sonido de una
freidora, lo más seguro es que los vecinos estén reparando carne para cenar y
no es difícil deducirlo, el olor los delata, piensa en la traición que el
hombre de ese apartamento comete con gran frecuencia, solo quiere desviar sus
pensamientos al menos por unos minutos de sus problemas, levanta su roro y mira
a su alrededor por unos segundos, se ve acurrucada en el rincón de un baño
pequeño, silencioso, que le hace recordar sus tiempos de soledad por lo que el
silencio perturbador hace que cada segundo crezca su temor, se siente sola,
triste y con esa incomoda sensación en la que el miedo posee todo su cuerpo.
Nuevamente escucha una
cuchara caer sobre el mesón del apartamento vecino, vuelve a recordar a este
hombre que la única sensación que logra producir es lastima, mide 1,65 calcula
ella, tiene cabello largo y ondulado, su cuerpo toma forma de escobillón
andante, su rostro turbio y ojos negros causantes de nauseas implacables que le
quitan el sueño a cualquiera, vive con su mujer, su hijo y la hermana de quien se supone es su
pareja; se cree un hombre exquisito y deseado por todas “ja ja ja” brota una
sonrisa del rostro de la chica, ese hombre de mínima estatura y aspecto de
hipócrita recién salido de fábrica, no se lo come nadie; sin embargo cuando su
mujer sale, tal vez al mercado, tal vez por su hijo, el hombre queda muy bien
parado frente a la hermana que no le es nada indiferente, el descaro de este
par de individuos sobrepasa el entendimiento de los habitantes del edificio que
murmuran con mayor frecuencia frente a la mujer.
Al instante tocan la puesta
del baño bruscamente y la fantasía de la chica se rompe como un cristal al caer
al suelo, por un pequeño instante todo queda en silencio, el corazón se le
acelera, comienza a temblar; el miedo toma control de ella, siente como dan
vueltas a la perilla de la puerta, piensa “es un trabajo inútil, nunca lo
lograran “sin embargo tras la puerta gritan su nombre para que abra, de momento
ocurre lo inesperado…
…Se levanta con lentitud y
dando pasos muy cortos logra llegar a la puerta lo piensa una y otra vez,
acerca su mano a la perilla y con gran fuerza la aprieta, siente el frio
del hierro que logra encalambrar sus
dedos y el picazón de sus palmas al rozar, la madera seca; finalmente opta por
quitar el seguro enfrentándose a las consecuencias que deba soportar, con gran
furia empujan la puesta, el temor no la deja respirar; rápidamente se desplaza
al otro costado del baño dando pie a la catástrofe que ha de venir, o al menos
es lo que ella piensa, de inmediato suena el timbre lo que de alguna manera la
tranquiliza un poco, pero eso no cambia la decisión de la mujer que estaba tras
la puerta.
Inmediatamente cubre sus
ojos con sus dos manos, siente su cuerpo calentar y el sudor desplazarse por
cada uno de los poros del mismo, escucha como arrastran los pies por el suelo
de madera dirigiéndose hasta ella “ya no hay escapatoria” susurra una voz
femenina en su oído izquierdo, suave y dulce, es el sonido que logra producir,
siente como las manos de esta mujer se apoyan sobre su rostro detallando todos
sus rincones, temerosa de mirar comienza a sollozar; dos segundos después
siente los labios húmedos y delicados de la mujer sobre su cuello, y sin
meditarlo su cuerpo comienza a adentrarse en un estado de excitación; siente un
aroma a vainilla que le recuerda su infancia, esa infancia llena de
sentimientos y perturbación que debió vivir, las manos de la mujer comenzaron a
explorar sigilosamente el cuerpo de la chica y con gran sutileza comienza a
retirar las prendas que lleva puestas, ella por su parte se adentra en un
estado de lujuria que por más que intenta no puede detener; esta mujer logra
llevarla a mundos desconocidos, con cada rose en su piel desata una adrenalina
implacable.
Las manos de la mujer
finalmente se posan en sus senos, con lo que la chica se siente a gusto, sus
labios instantáneamente se humedecieron; y su cuerpo se estremece encogiendo
cada musculatura, no puede dejar de
pensar en la sensación que esta mujer
logra producir a su ser, nuevamente
comienza a desplazar sus manos dirigiéndose a la cintura. Fue cuestión de
minutos para que la mujer dirigiera su cabeza a la entrepierna de la chica,
donde logra poseer toda de ella, y mientras penetra su cuerpo la única
sensación que llega a su cabeza es de alegría, esos pequeños instantes logran
producir la dicha que de niña no logro sentir, devolviendo la inocencia que le
robo su madre todas las noches que permitía que los hombre introdujeran su miembro
en su pequeña, tolerando que llegaran a hacer las peores bajezas vitas por una
niña de 8 años que solo sabía que era jugar a las muñecas. Fue una noche de
placer, donde todos los recuerdos que trastornaron su mente durante años
desaparecieran, donde por primera vez la hicieron sentir mujer; y no solo
intentaron buscar su satisfacción.
Culmino la noche, y al
asomarse el amanecer abrió sus ojos nuevamente, esta vez se vio recostada en la
cama de una habitación muy bien acomodada, al levantarse nuevamente tenía su
ropa puesta, con gran curiosidad se dirigió a un espejo que se encontraba a uno
de los costados de la habitación y vio reflejado su rostro detallándolo muy
brevemente, al bajar su mirada vio un inmenso chupón en su cuello, por fin
había salido de dudas nada de eso fue un sueño. Abrió la puerta de la
habitación y se encontró con un inmenso pasillo, no sabía dónde estaba y
tampoco le importo, la única intención que tenía era poder encontrar a esta
mujer que la hizo ver más allá de lo que alguna vez pudo creer, recorrió piso
tras piso y no logro encontrar a nadie; desilusionada salió a la calle de un
vecindario rural que se le hacía muy familiar, comenzó a caminar sin un rumbo
fijo y logro llegar a una autopista muy cercana al lugar donde había nacido.
Lugar que le produjo una sensación incomoda que no le permitía sentirse a gusto
con su paradero, subió a un autobús y se dirigió a casa.
Al llegar, retiro su
chaqueta azul y la acerco a su nariz sintió nuevamente ese delicioso y suave aroma a vainilla que esta mujer llevaba, solo eso le quedaba para poder recordarla.
Pasados algunos meses no la volvió a saber de esta mujer pero si logro entender
que a pesar de que no supo su nombre, no vio su rostro y mucho menos lograra
entablar una conversación con ella. Siempre conservara esa voz y ese olor en su
mente.
